ENTREVISTA CON JOHN URRY

March 26, 2011

El 14 de abril sale a la venta UN MUNDO SIN COCHES (AFTER THE CAR), de JOHN URRY, por 23,90 euros.

He hecho unas preguntas simplonas a John Urry para hacer algo de publicidad sobre la edición de su libro en español. Saludos cordiales.


ANDRÉS LOMEÑA: Veo que ha publicado muchos libros en sus últimos años. ¿Qué espera publicar próximamente?

JOHN URRY: Sí, he publicado Automobilities (2005), Mobilities (2007), Aeromobilities (2009), After the Car (2009), Mobile Lives (2010), Mobile Methods (2011), Climate Change and Society (2011), y The Tourist Gaze 3.0 (2011), entre otros. Tengo en mente escribir un nuevo libro sobre las interconexiones entre el petróleo y la sociedad.

AL: El crecimiento de coches y aviones perjudicó el desarrollo del tren y el transporte público. ¿Acaso hay una dominante cultural entre la sociedad y sus métodos de transporte?

JU: Sí, el sistema de movilidad dominante es el de la automovilidad, que fue un efecto derivado del descubrimiento del petróleo a finales del siglo XIX. Reducir el poder de la automovilidad y, consecuentemente, del petróleo, mejoraría de manera significativa la vida social y la política mundial.

AL: Hay historias de la comunicación y de la tecnología. ¿Hay una historia general de los medios de transporte?

JU: Hay libros de esa clase. Supongo que mi libro Mobilities (2007) intenta hacer algo similar.

AL: Sherry Turkle ha escrito Alone Together, un libro un tanto pesimista sobre las consecuencias psicosociales de redes como Facebook o Twitter. ¿Cuál es su opinión?

JU: Las tecnologías digitales son muy interesantes e importantes, pero no han sustituido de forma satisfactoria la necesidad de la copresencia y por tanto de viajar. Por eso en parte Sherry Turkle habla de estar “solos” más que estar realmente “juntos”.

AL: Robert D. Putnam escribió sobre el colapso de la “comunidad” en su libro Solo en la bolera. Ahora sustituimos nuestras carencias con teléfonos móviles, Ipads y demás. ¿Estamos maximizando nuestras posibilidades como individuos o sucumbimos al consumismo?

JU: Pienso que hay demasiado consumismo organizado alrededor de la elección individual. La elección produce consecuencias realmente desastrosas. Para mí el individualismo y el consumismo son lo mismo. Me parecen importantes las relaciones en la sociedad civil que están menos mediadas por los productos y servicios del consumidor.

AL: ¿Es Up in the air una obra maestra de las relaciones sociales que trata de describir?

JU: Sí, la novela y la película capturan algunos aspectos interesantes de la hipermovilidad, lo que yo llamo “vidas móviles”. Echa un vistazo al libro que coedité, Aeromobilities.

AL: No le robo más tiempo.

JU: Muchos cambios en la naturaleza de la vida social se acercan a través del cruce entre viaje físico y comunicaciones digitales. Me parece interesante imaginar cómo serán esos cambios por llegar y si éstos reducirán a escala global los costes del petrólego de los viajes físicos.

26 de marzo de 2011.

Andrés Lomeña.

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ENTREVISTA CON DARKO SUVIN

March 22, 2011

ANDRÉS LOMEÑA: Me gustaría situar su figura dentro de las numerosas corrientes de la teoría literaria, en algún lugar entre Terry Eagleton y Harold Bloom, por citar dos polos opuestos. No estaría de más conocer su opinión sobre otras personalidades, como Zizek, Stanley Fish o el padre del nuevo historicismo, Stephen Greenblatt.

DARKO SUVIN: Recuerdo las magníficas palabras de Lenin en sus Cuadernos filosóficos. Allí decía que para un crítico materialista inteligente, un crítico idealista inteligente está más cerca de él que un crítico materialista estúpido. Así que déjeme empezar dudando no ya de la existencia o importancia del parentesco ideológico, si no de su naturaleza exclusiva. Por ejemplo, he seguido paso a paso casi todo el trabajo de Fredric Jameson, especialmente desde que colaboramos en la revista Science-Fiction Studies y en otros sitios. También he usado la teoría de la literatura de Eagleton como la mejor introducción posible para mis clases, pero por otro lado no he aprendido mucho de él. Por el contrario, he estado muy influenciado por los escritos de su maestro, mi amigo Raymond Williams.

Me encantan algunos de los primeros trabajos de Bloom sobre el romanticismo, pero después se volvió purista y simplón. Ése es mi problema con la mayoría de los postmodernos: cuando ellos declaman contra los absolutismos, su supuesto relativismo es más absoluto que el de la mayoría de los modernistas. Hago algunas excepciones con los llamados deconstruccionistas, Guattari o el último Derrida (después de su libro sobre Marx). Mi criterio es muy simple: ¿Qué puedo aprender de los críticos? Muy poco se puede hacer con Greenblatt, casi nada con Fish, mucho con los feminismos materialistas… Está bien atraer a las personas a la filosofía y la cultura popular de Zizek (y por supuesto, combatir la prohibición de hablar sobre el comunismo).

AL: Su obra maestra es Metamorfosis de la ciencia ficción, escrita a finales de los setenta, si no me equivoco. ¿Qué cambiaría o actualizaría de la obra si la volviera a rescribir ahora?

DS: Se publicó en 1979, pero la escribí durante los diez años anteriores. No creo que el libro se pueda actualizar. Debería quedarse tal y como está, marcado (como el ganado, como hubiera dicho Brecht) por su momento histórico: la época del alto modernismo. Lo que tienen que actualizarse son algunas de mis opiniones, no mis valores… me desagradan los renegados. He reelaborado algunos aspectos epistemológicos, en particular del género fantástico, en numerosos artículos durante mis últimos quince años. Puede leer mi conclusión en una antología editada por Patrick Parrinder, Learning from Other Worlds (2000).

AL: ¿Qué opina de la teoría de los mundos posibles de Dolezel, Pavel, Brian McHale y otros? Le pregunto esto porque veo fuertes conexiones entre esta teoría y sus estudios sobre el género de la ciencia ficción.

DS: Tiene bastante razón al establecer esas conexiones. Si ha visto mi trabajo después de 1979, es decir, otros cuatro libros sobre ciencia ficción, comprobará que uso una variante de la teoría de los mundos posibles. Conozco tanto a Dolezel como a Pavel y hago que mis estudiantes los lean; no es casualidad que todos emigramos a Canadá con la experiencia de mundos diferentes. McHale es demasiado postmoderno para mí: rechaza la ontología (que hay un mundo real ahí fuera) a favor de una epistemología hermética (que sólo podemos vivir en mundos imaginarios, por decirlo así).

Mi libro más avanzado, metodológicamente hablando, es Victorian SF in the U.K. 1848-1900, un intento a la Williams de historia social de la literatura, con ciertas consideraciones de clase en autores y lectores.

AL: ¿Cuál será su legado y qué proyecto de cambio se ha de seguir en la época del capitalismo tardío y del fin de la historia?

DS: Creo que se ha probado que Fukuyama estaba totalmente equivocado, ¿no crees? La crisis actual del capitalismo senil es una prueba de que la historia continúa con conflictos de clase homicidas. Nuestra alternativa es el socialismo o la barbarie (el socialismo suave implantaría una democracia directa comunista).

Desde esta perspectiva, mi legado es de una importancia secundaria. Será olvidado por algunos como una aberración; otros quizás lo valoren como un remoto precursor que no tuvo todas las herramientas, pero que al menos identificó un campo y se posicionó en él.

AL: Como teórico de la literatura, ¿qué libros, ya sean de ficción o no ficción, nos recomendaría?

DS: No sólo soy un académico. He publicado cuatro libros de poesía y algunas narraciones breves. En cualquier caso, mis libros serían: El Capital de Marx, Santa Juana de los mataderos de Bertold Brecht, La Caverna de Saramago y Un puente sobre el Drina de Andric (aunque podría nombrar otras cuarenta obras, sólo los fanáticos pueden decidir por debajo de ese número).

AL: ¿Alguna palabra para el final?

DS: Hace poco escribí un ensayo que es un elogio de los finales abiertos.

17 de diciembre de 2010.

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ENTREVISTA CON THOMAS PAVEL

February 20, 2011

ANDRÉS LOMEÑA: Representar la existencia: El pensamiento de la novela es una obra maestra. No sé si ha encontrado otros trabajos que puedan rivalizar con el suyo.

THOMAS PAVEL: Gracias por sus amables palabras. Estoy agradecido de que David Roas haya traducido mi obra tan bien. El libro pertenece a un movimiento reciente que reclama mayor reconocimiento para la narrativa antigua griega y medieval en la historia del género. Cervantes, sin ir más lejos, habría estado de acuerdo porque admiraba profundamente las Etiópicas de Heliodoro, una obra que tomó como modelo para su Persiles y Segismunda, texto que consideró su obra maestra. The True History of the Novel de Margaret Anne Doody (1996) y un estudio de Didier Souiller, Armand Strubel y Wladimir Troubetzkoy publicado en su volumen Littérature comparée (1997) tuvieron argumentos similares al mío, animándome a expresar mis propios puntos de vista sobre el tema.

AL: Brian McHale me dijo que usted es mucho mejor que él imaginando diferentes tipos de mundos ficcionales. ¿No ha intentado nunca crear una tipología de mundos de ficción?

TP: Brian McHale, que es uno de los mejores y más perspicaces teóricos contemporáneos de la literatura, sería mejor que yo en llevar a cabo esta tarea. Lo que aprendí mientras trabajaba en la historia de la novela fue que hay fuertes vínculos entre los valores que se promueven en una obra y el mundo ficcional que evoca. Si miramos la forma en que los personajes encarnan ideales morales, es fascinante ver que tanto en las novelas griegas antiguas como en sus descendientes modernos más tempranos (el Persiles de Cervantes incluido), los personajes principales siempre cumplen las necesidades morales más elevadas sin dudarlo. La virtud absoluta es su terreno. En las novelas picarescas, al contrario, el pícaro o pícara hace aquello que es necesario para sobrevivir, incluyendo las cosas más deshonestas y mendaces. Dos tipos de mundos ficcionales se ponen en contraste: el mundo de la perfección moral y el de la corrupción moral. Este ejemplo muestra que para diferenciar entre tipos de mundos ficcionales necesitamos tener en cuenta el tipo de acción, las personas y los valores que se proyectan en él.

AL: Ha descrito la novela como si se tratara de una “ley consuetudinaria” donde más que normas fijas hay costumbres. ¿Su perspectiva es una validación sofisticada de La angustia de la influencia de Harold Bloom? ¿Es su historia de la novela un programa opuesto al que plantea el nuevo historicismo?

TP: Tiene razón: para diferenciarse de la tragedia y de los poemas épicos, que durante mucho tiempo se regularon por la referencia a la Poética de Aristóteles, (tanto si los escritores realmente siguieron sus reglas o, como Lope de Vega, propusieron preceptos alternativos), la novela como género evolucionó gradualmente, de acuerdo con lo que les precedía pero sin abandonar la innovación.

La teoría de la angustia de la influencia funciona para periodos que exigen incesantemente escritores para inventar nuevas tendencias y etiquetas. Los escritores pueden preguntar: ¿Soy demasiado modernista? ¿También soy postmoderno? ¿Sigo a Faulkner o a DeLillo con demasiada obviedad? Y así sucesivamente. Pero no estoy del todo seguro de que Cervantes, Goethe, Balzar o Tolstoi hayan estado atormentados por la angustia de las influencias. Más bien lo contrario: en Don Quijote, Cervantes claramente ridiculizó las novelas de caballeros andantes y en Persiles imitó y adaptó las Etiópicas. Sobre la originalidad y la influencia, el escritor francés Jean Cocteau dijo una vez de forma memorable: “La originalidad consiste en intentar hacerlo como los otros, pero sin tener éxito”.

El gran mérito del nuevo historicismo fue acercar la historia literaria a la poética, la naturaleza imaginativa de la literatura. Mi propia obra enfatiza el lugar de los personajes, la acción y los ideales humanos en el desarrollo de la literatura.

AL: Representar la existencia : El pensamiento de la novela desarrolla dos polos: el mundo ideal frente al mundo sensible. ¿Es la historia de la novela una dialéctica entre la idealización y lo real?

TP: La obra de Lukács es una de mis mayores fuentes de inspiración (junto con Fuentes del yo de Charles Taylor y El desencantamiento del mundo de Marcel Gauchet). Mi libro reivindica la dialéctica de Lukács entre el individuo y la sociedad observando en detalle su trayectoria histórica y sus dos direcciones principales: la idealización de los personajes principales  (en novelas como Persiles, la Pamela de Richardson o en Oliver Twist) y, por otro lado, el énfasis en la miseria y la imperfección humana, como en Lazarillo de Tormes, Moll Flanders de Daniel Defoe y Thérèse Raquin de Zola. Esos dos tipos interactúan de diversas formas y producen una multitud de modos novelísticos.

AL: La historia de la novela es, hasta cierto punto, la historia del individualismo moderno. ¿Qué me dice de las novelas río? Las narrativas corales de Balzac, Thomas Mann, Chaucer o Faulkner habrían contribuido a una idea más perspectivista de la novela.

TP: Tienes toda la razón. El individuo puede presentarse en la novela de dos formas complementarias: como el centro de la historia y como un miembro de una unidad mayor (familia, generaciones, grupos sociales). Cada una de las novelas y narraciones cortas de Balzac se concentra en un personaje o en un pequeño grupo de personajes, pero el conjunto de La comedia humana ofrece una imagen de la sociedad francesa como un todo. Las dos convergen: por un lado, los protagonistas de Balzac son individualizados al situarlos en la sociedad, por el otro, la sociedad se representa a través de las historias de sus miembros. Lucien de Rubempré en Las ilusiones perdidas es un poeta cuyas ambiciones sociales le destruyen: el retrato de Lucien realza el de la alta sociedad de París y viceversa. Lo mismo puede decirse de los Buddenbrooks de Thomas Mann. En lo que sugerentemente llamas “narrativa coral”, el coro es esencial, pero también lo son los cantantes individuales.

AL: Ha hablado de una historia natural de las especies, explicando los géneros literarios como una competición en la que la audiencia se ha fragmentado cada vez más. Quizás la literatura erótica o pornográfica se hundió debido al surgimiento del cine erótico y porno. Sugiero que los géneros literarios no luchan solo entre ellos, sino contra todo el abanico cultural, ya sea teatro o cine.

TP: De hecho, la rivalidad y la lucha entre géneros culturales mantiene viva la cultura. Mencionas que las películas eróticas llevaron a la caída de la literatura erótica. También a la inversa, el éxito de las películas sobre el oeste llevó a la producción en masa de novelas sobre el oeste. Las novelas y películas de misterio crecieron de la mano, de igual modo que pasó con las películas y novelas de ciencia ficción. Desde finales del diecinueve ha habido una separación gradual entre la alta literatura, que exige esfuerzos considerables para entenderse, y la literatura media y baja, que son más amables para el lector. ¿Ganaría alguno de esos niveles, causando la desaparición de los otros? Lo dudo. La invención y popularidad de los coches no abolió la posibilidad de pasear.

AL: Darko Suvin me dijo que usa tus textos en sus clases. Afirmó que no le parece una coincidencia que autores como usted o Lubomir Dolezel, emigrados a la otra parte del mundo, estudiaran la teoría de los mundos posibles. No sé si ve alguna conexión entre su experiencia personal y la teoría de los mundos posibles.

TP: Darko Suvin anotó algo muy importante. Los regimenes dictatoriales promueven más que destruyen la capacidad humana para imaginar algo completamente distinto: un mundo mejor y más libre, por ejemplo. En Europa del Este nos contaron que nuestros líderes habían comprendido y dominado de una vez por todas las leyes del desarrollo histórico. La teoría de los mundos ficcionales y posibles nos ofreció una forma de pensar lo contrario. Como “los maestros de la historia” no fueron sensibles al vasto despliegue de posibilidades que rodean al ser humano, al final perdieron.

AL: ¿Qué obras nos recomendaría?

TP: Entre las obras más antiguas, hace muy poco me enamoré de la Diana de Montemayor, la novela pastoril más bella que he conocido. En el siglo XIX: Effi Briest de Theodor Fontane y Fortunata y Jacinta de Perez Galdós. En el veinte, entre tantas obras grandiosas, Solo en Berlín de Hans Fallada, Relatos de Kolimá de Varlam Shalamov, El último encuentro de Sandor Marai, Todo se desmorona de Chinua Achebe y Posesión by A.S. Byatt. En crítica literaria, recomendaría los libros de James Wood The Irresponsible Self. On Laughter and the Novel (2005) y Los mecanismos de la ficción: cómo se construye una novela (2009).

AL: ¿Qué va a publicar en el futuro inmediato?

TP: Trabajo en un libro sobre la literatura y la reflexión moral. Se discute la distancia entre nosotros y nuestra vida (considerando la violencia y la desgracia), el nacimiento de la responsabilidad moral, y, finalmente, el reino del afecto y la gratitud. Los ejemplos vendrán de la literatura antigua y reciente.

A modo de conclusión y de deseo, espero que la literatura y la crítica literaria continúen tan prósperas como lo están ahora.

20 de febrero de 2011

Andrés Lomeña

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ENTREVISTA CON DAVID HERMAN

February 15, 2011

Entrevista con uno de los más eminentes narratólogos del momento.

ANDRÉS LOMEÑA: El problema de la narratología en España es la falta de traducciones. Genette es muy popular, incluso Mieke Bal, pero Stanzel es un absoluto desconocido en nuestro territorio. ¿Qué lecturas nos recomendaría?

DAVID HERMAN:     Su primera pregunta me remite a las obras sobre narratología publicadas en español. Me gustaría mencionar las contribuciones cruciales de José Ángel García Landa (http://www.garcialanda.net/) y de Susana Onega Jaén, ambos vinculados a la Universidad de Zaragoza, y que han contribuido sustancialmente en este campo.

En cuanto a qué leer de manera algo más general, hay en la actualidad varias introducciones a la narratología, escritas para lectores de varios niveles, que darían un punto de partida provechoso a quienes desean ponerse al día con los últimos desarrollos de esta área, así como aprender sobre la historia de la erudición sobre narrativa. Creo que el Cambridge Introduction to Narrative de H. Porter Abbott, sobre todo su segunda edición (2008), ofrece una excelente introducción. Otra buena introducción es el recurso en línea de Manfred Jahn, gratuito y actualizado en 2005:

http://www.uni-koeln.de/~ame02/pppn.htm

Tras esas fuentes introductorias podría seguirse con otros estudios, incluyendo la Routledge Encyclopedia of Narrative Theory (2005), la Blackwell’s Companion to Narrative Theory (2005) y la The Cambridge Companion to Narrative (2007). Varios de esos volúmenes contienen glosarios que pueden usarse para apoyar a los de Gerald Prince en el Dictionary of Narratology (segunda edición de 2003) y el volumen de 2010 Teaching Narrative Theory también contiene un glosario completo y actualizado. Esos textos deberían dar a los lectores las bases para un estudio más profundo, permitiéndoles ubicarse para entonces explorar con mayor dedicación.

Una vez que los lectores han llegado a esa fase, quizás deseen dirigirse a libros publicados en series que están dedicados a temas de narrativa y teoría de la narrativa, lo que incluye el Frontiers of Narrative (University of Nebraska Press), Narratologia (de Gruyter), y la serie Theory and Interpretation of Narrative (Ohio State University Press).

AL: ¿Podría trazar una historia breve de la novela según las transformaciones de la narratología?

DH: ¡Es una pregunta tan fascinante como exigente! La manera en que planteas esta pregunta ya indica el valor de la narratología cuando se trata de explorar los aspectos narrativos, tanto diacrónicos como sincrónicos (lo que incluye las formas de la narrativa ficcional que se ha llamado “novela”). En otras palabras, las ideas desarrolladas por los teóricos de la narrativa (ideas sobre focalización o perspectiva, el narrador, la caracterización, etcétera) pueden no sólo iluminar las estructuras y efectos de la narrativa escrita en un tiempo dado (el siglo XVIII, o el XX), sino arrojar luz sobre los cambios en los que las narrativas se han construido e interpretado a lo largo del tiempo.

Hay conceptos sobre el narrador y la perspectiva para señalar diferencias potenciales entre las obras de los siglos XIX y XX. Podríamos abordar un proyecto similar con una escala aún mayor al usar todo el abanico de conceptos narratológicos para comparar las novelas publicadas dentro de los contextos lingüísticos y nacionales, así como las novelas publicadas en las diferentes tradiciones.

Sólo puedo encarar los temas que implican el estudio diacrónico de la novela. En esta misma línea, habría que mencionar un libro que acabo de terminar como editor y que constituye una aportación a un campo menor de la investigación narratológica. El volumen en cuestión, que será publicado en un par de meses, se llama The Emergence of Mind: Representations of Consciousness in Narrative Discourse in English (http://www.nebraskapress.unl.edu/product/Emergence-of-Mind,674743.aspx).

Con capítulos individuales dedicados a los diferentes periodos de la literatura inglesa, desde el 700 hasta el presente, el libro explora los cambios en las técnicas usadas para representar la consciencia sobre prácticamente el tiempo completo en el cual el discurso narrativo en inglés se ha escrito y leído. Si se me permite, citaré unos pocos párrafos de la introducción a este compendio para indicar el alcance y propósito del estudio:

El estudio sincrónico ha predominado en la investigación sobre la representación de la consciencia hasta hoy, centrado en la amplitud de estrategias narrativas de los escritores para representar la mente en un momento dado; tales aproximaciones buscan capturar el estado del sistema narrativo en una fase específica de su emergencia. […] Pero este tipo de estudios necesita ser completado con estudios diacrónicos. Una perspectiva diacrónica centrada en la evolución de las estrategias para la representación de la mente que se han hecho en la narrativa vista como un sistema para la construcción de mundos. […] Esas investigaciones pueden probarse a través de una mayor elaboración de los modelos en que se formularon, o expandiendo el corpus y usando métodos cuantitativos para probar la resistencia de los patrones y cambios identificados sobre las bases del estudio cualitativo.

Además de esto, hay otros estudios, como el de Monika Fludernik, que ha sido una pionera en esta área con su libro The Fictions of Language and the Languages of Fiction (1993), así como con Towards a “Natural” Narratology (1996) y su artículo de 2003 “The Diachronization of Narratology”. Otro estudio relevante es el de Alan Palmer, Fictional Minds (2004).

AL: Creo que usted ha trabajado la teoría de los mundos posibles. ¿Cómo podemos relacionar los mundos de ficción con la narratología?

DH: Sí, he hecho algún trabajo sobre la construcción e interpretación de los mundos de ficción en el contexto de la narrativa. En mi trabajo sobre este tema, he destacado un proceso más amplio que he llamado “creación de mundos narrativos”, que estudiaría los contextos, estructuras y efectos de las prácticas donde los narradores promueven a los intérpretes a comprometerse en el proceso de cocreación de mundos narrativos.

En un libro aún por salir llamado Practicing Narrative Theory: Four Perspectives in Conversation, uso la idea de construcción de mundos narrativos como marco para explorar las interconexiones entre narrativa y mente. El análisis que hago trata sobre la creación (más o menos sostenida) de una “reubicación imaginativa” hacia los mundos narrativos como un aspecto central de todas las experiencias narrativas, es decir, como una condición activa para las prácticas de fabulación. La creación de mundos narrativos está imbricada con habilidades mentales que constituyen la investigación en los entrecruzamientos entre narrativa y mente.

Desde esta perspectiva, conceptos de tiempo, espacio y personaje trazados por los teóricos de la narrativa pueden redescribirse como parámetros clave para la construcción de mundos narrativos. A través de los actos de narración, los creadores de historias producen un esbozo para la construcción de mundos. Esos esbozos, cuya complejidad varía, instan a los intérpretes a construir mundos marcados por un perfil espaciotemporal particular, una secuencia determinada de situaciones y hechos, y un inventario de habitantes. Sugiero que las historias abren la puerta a las dimensiones del cuándo, qué, dónde, quién, cómo y por qué de mundos configurados mentalmente. En otras palabras, la narrativa no sólo evoca mundos, sino que constituye intervenciones en un campo de discurso, un rango de las estrategias representacionales, una constelación de formas de ver (y a veces hay un grupo de narrativas en competición, como en un proceso jurídico, una campaña política o una disputa familiar). Entendiendo esto desde su proceso de recepción, la construcción de mundos narrativos extrae al menos dos inferencias: aquellas sobre el mundo que se evoca por el acto de narrar, y aquellas sobre por qué ese acto se desarrolla del todo (y qué consecuencias hay).

AL: ¿Qué libro nos recomendaría como narratólogo?

DH: Uno de mis libros preferidos para explorar desde una perspectiva narratológica es la novela corta Chesil Beach. La novela tiene una estructura temporal muy rica, con flashbacks y variaciones en la velocidad con la que los acontecimientos se narran, lo cual sugiere la interconexión profunda entre la construcción de narrativas y los intentos de las personas para dar sentido a sus propias acciones y a las de otros para actuar de la manera en que lo hacen. Para una discusión del texto de McEwan, consulta mi artículo “Storied Minds: Narrative Scaffolding for Folk Psychology”, en el Journal of Consciousness Studies 16.6-8 (2009): 40-68.

AL: Si desea añadir algo…

DH: El campo de los estudios sobre narrativa está en plena efervescencia y goza de mucha vitalidad. Es más, la disciplina está aún creciendo, de modo que los estudiantes y académicos más jóvenes están en posición de hacer avanzar el trabajo que está haciéndose en este campo de investigación. Mi recomendación es que los lectores interesados empiecen a sumergirse en esta área de estudio, ya que se puede ser un participante activo en este campo infinitamente fascinante (y relevante).

15 de febrero de 2011

Andrés Lomeña

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MERCADERES DE LA CULTURA: SOCIOLOGÍA DE LA INDUSTRIA EDITORIAL. UNA ENTREVISTA CON JOHN THOMPSON.

January 12, 2011

ANDRÉS LOMEÑA: Según Los demasiados libros de Gabriel Zaid, pronto habrá más escritores que lectores. ¿Terminaremos ahogados por la mareada de libros?

JOHN THOMPSON: En el mundo angloparlante, es cierto que ha habido un tremendo crecimiento en el número de libros publicados durante las dos últimas décadas. Aunque los números varían considerablemente en función de los métodos usados para contar, el aumento es asombroso uses el método que uses. En Estados Unidos, por ejemplo, el número de libros nuevos al año alrededor de 1980 era de menos de 50 mil; en 2009, el lanzamiento de novedades se ha elevado hasta los 288 mil, un crecimiento de casi seis veces.

No obstante, esas cifras están basadas en una definición tradicional de lo que significa publicar un “libro nuevo”. Si también tienes en cuenta los formatos de publicación no tradicional, incluyendo la autoedición, la publicación bajo demanda y las reimpresiones de obras en dominio público, puedes añadir otros 765 mil títulos, lo que significaría que alrededor de un millón de títulos nuevos están disponibles en el mercado estadounidense en 2009, un número apabullante. Desde este punto de vista, podrías ver esto como algo bueno: hoy los lectores tienen más oportunidades que nunca en términos de libros disponibles. Pero desde el punto de vista del editor, esta explosión de nuevos títulos acentúan los problemas con los que se enfrentan: ¿cómo haces destacar y publicitar tu libro en un mercado cada vez más saturado? Ése es el reto que tienen por delante todos los editores. Publicar un libro es más fácil que nunca, pero alcanzar notoriedad, venderlo y que se lea es más complicado que nunca.

¿Ayudaría si los editores publicaran menos? Quizás. Algunso intentan hacer justamente eso: muchas de las grandes empresas de la edición han intentado durante años reducir títulos y centrar sus esfuerzos en la publicación de menos libros. Publicar menos y vender más: ése es el mantra que han lanzado en las grandes editoriales durante algunos años. Incluso si algunas editoriales redujeran la producción, esto es poco probable que consiga una diferencia significativa sobre el total de libros nuevos que se publican al año, simplemente porque hay muchas otras organizaciones de diversos tipos que están sacando nuevos títulos en el dominio público (por no mencionar el rápido incremento de títulos que aparecen en formatos no tradicionales). Los editores tendrán que aprender a vivir en un mundo de abundancia informacional. No hay vuelta atrás: habrá más y más escritores, simplemente porque habrá más y más caminos para poner palabras escritas a disposición de otros que pueden leerlo en distintos formatos y espacios. Quizás no sean “escritores” en el sentido tradicional del término, pero esto signicia que ser un escritor hoy y en el futuro no es lo mismo de lo que fue en los años 30 o 40. ¿Eso significa que todos los escritores serán leídos? No necesariamente, o al menos no por muchas personas, aunque para algunos escritores eso no importa. Pero esto quiere decir que el trabajo de editor se está poniendo difícil y que continuará siendo así. Van a verse compitiendo por la atención de quienes tienen más oportunidades para leer más cosas en más contextos, en cualquier formato, como una de las posibles necesidades que tienen en su tiempo.

¿Deberíamos preocuparnos por esta situación? La abundancia creciente de materiales escritos no me parece algo preocupante. Pero “si” los individuos que tienen la voluntad de leer esos materiales, y especialmente los textos de cierta extensión que requieren paciencia, una cierta inmersión en la lectura, es menos frecuente en nuestra cultura (y he puesto el condicional “si” porque a pesar de toda la especulación sobre el tema, no sabemos realmente si éste es el caso), entonces sí es un motivo de preocupación.

AL: Déjeme considerar su esquema:

Agente - Editor - Impresor - Distribuidor - Librerías - Consumidores

Gráficamente, parece un proceso unidireccional. ¿Qué me dice del rol de los lectores? Supongo que el modelo sería algo así:

Críticos, medios de comunicación <-> Consumidores <-> Editores

JT: Ese diagrama es mi resumen de la cadena de demanda de libros. No pretende ser una reconstrucción de la cultura del libro. En la cadena de demanda, el libro entra en una compleja interacción entre autores, agentes y editores, y una vez creada, llega a las manos de los lectores a través de una cadena de la demanda extendida que incluye un número más lejano de intermediarios, como distribuidores, librerías y minoristas. Los lectores son el punto final de la cadena. Los críticos y los medios no son parte de esa cadena, pero juegan un papel muy importante al dar visibilidad a los libros particulares en el atestado mercado de la cultura, formando las decisiones de los intermediarios clave de la cadena (como los compradores minoristas) y en determinar qué libros destacarán entre los miles disponibles cada semana. Reclaman la atención, incluso atraen el dinero y el tiempo de consumidores y lectores individuales.

No quiero sugerir que los lectores y los críticos son receptores pasivos producidos por una industria que no tiene en cuenta sus juicios y gustos. No es, desde luego, el caso. Autores, agentes y editores están siempre intentando anticipar lo que puede gustar a los lectores y a los críticos, y cualquier libro nuevo o tema que aparece para capturar la imaginación del público lector es rápidamente absorbido por los agentes y editores y es probable que surjan docenas de materiales similares. La edición “yo también” es una característica bien conocida en una industria hambrienta de libros.

AL: Ha escrito que hay cinco tipos de capital: el económico, el humano, el social, el intellectual y el simbólico. Pienso que los economistas y los publicistas están entrando en el negocio y eso desplaza la importancia de personas del campo de la cultura. ¿Está de acuerdo con este síntoma o no es un fenómeno global?

JT: Es verdad que, en el campo anglo-americano de los últimos treinta o cuarenta años, el poder de los dirigentes financieros y contables, por un lado, y los directores de marketing y de ventas por otro, se han elevado en detrimento del editor. En muchas editoriales tradicionales durante los sesenta e incluso antes, los editores a menudo tenían una gran perspectiva para decidir qué publicar, y tanto las ventas como el marketing no se encontraban entre esas decisiones: el trabajo de ventas y marketing consistía en vender y comercializar los libros que los editores habían decidido basándose en sus propios gustos y juicios. Durante los ochenta y los noventa, este modelo fue reemplazado en muchas compañías por un modelo más consultivo y dialógico en el cual las formas de venta y el marketing se toman en cuenta muy seriamente. Algunas editoriales celebraban reuniones para las adquisiciones donde asistían los directores de marketing y ventas y tenían voz propia en los procesos de adquisición (su importancia varía de una empresa a otra). Además, con la consolidación de la industria y la integración de muchas editoriales independientes en grandes conglomerados mediáticos, fue cada vez más común las prácticas financieras y los controles que ya eran habituales en otras corporaciones mundiales. Así, entre la década de los ochenta y la de los noventa, muchos de los que trabajaban en editoriales que habían sido compradas por empresas de medios experimentaron un cambio sustancial en la cultura de su organización, cuando las libertades de los editores se vio mermada por el papel creciente de las ventas y la publicidad, la introducción de prácticas financieras formales (como el análisis coste-beneficio) y el énfasis en las ventas y las cuentas de resultados.

Sin embargo, esto no es lo mismo que decir que los directores de marketing son los nuevos brokers y que deciden qué se publica. Ese es uno de los mitos que hay sobre el mundo editorial. Las libertades tradicionales de los editores se han reducido y su poder está ligado hasta cierto punto al crecimiento de los poderes financieros, pero esto no quiere decir que los editores estén desarmados o que sus juicios y gustos ya no importen. Esto varía en cada casa editorial y en cada imprenta, pero los editores siguen siendo la fuerza que hay detrás de la adquisición de libros. Cuanto más comercial es la impresión, más poder suelen tener los directores de venta, pero incluso en las grandes editoriales son los editores quienes dirigen el proceso de compra y edición.

Mi obra se basa en el estudio intensivo de las organizaciones anglo-americanas dedicadas a la edición y soy reacio a generalizar más allá de estas fronteras como para decir, tal y como sugieres, que es un fenómeno global. Pero no me sorprendería que desarrollos similares puedan observarse en la industria editorial de España o Latinoamérica.

AL: Ha descrito magníficamente la revolución del formato “tapa dura”. ¿Cuál sera el futuro del formato “bolsillo”?

JT: Con “revolución de las tapas duras” me refiero al cambio que ocurrió en el campo de la edición en inglés a partir de los años setenta cuando los métodos de marketing de masas se aplicaron a la producción y venta de libros de tapa dura. Esos métodos, acompañados por la expansión de las cadenas de librerías en los setenta y ochenta, desembocó en un aumento dramático de las ventas de tapa dura e invirtió la fórmula tradicional de la industria: mientras que en los cincuenta y en los sesenta publicar en bolsillo era la fuerza principal del negocio, en los ochenta y los noventa la tapa dura llegó a ser el motor de la industria.

La revolución de la tapa dura ha sido fulminante para la que fue la revolución original, el mercado masivo de bolsillo. La mayoría de los editores en lengua inglesa han presenciado un deterioro significativo de la edición de bolsillo en los noventa y principios del dos mil. Sin embargo, la situación es más complicada de lo que podría parecer, porque esos desarrollos estuvieron también acompañados por el uso creciente del formato en “tapa blanda”. Este formato fue pironero y lo implementó Jason Epstein a principio de los cincuenta, cuando llegó con la idea de reimprimir libros de calidad en un formato duro, más grande y con mejor calidad que el de bolsillo. Cuando las ventas de bolsillo cayeron en los noventa y dos mil, los editores empezaron a hacer más ediciones en tapa blanda, reimprimiendo la tapa dura como tapa blanda, en lugar de hacerlo en edición de bolsillo. Así que el declive del bolsillo ha venido junto con la expansión de la tapa blanda y probablemente esta tendencia continuará en los próximos años. Si esto se verá afectado por el crecimiento del mercado de ebooks está por ver.

AL: La pregunta que no puedo obviar: ¿Cómo conseguir publicar? ¿Es una cuestión de talento literario, de redes sociales o de estatus? ¿Qué pasos recomendaría a los aspirantes a escritor?

JT: Depende del tipo de escritor que quieras ser. Como trato de explicar en mi obra, el mundo de la edición no es un único mundo sino muchos mundos, y cada uno se organiza de una manera, y las habilidades y recursos que necesitas para entrar y crecer en uno de esos mundos no son necesariamente los mismos que necesitas para entrar en otro. Si aspiras a ser un escritor en el mundo de la edición inglesa, necesitas algo de talento (cuanto más, mejor) y mucha perseverancia y determinación. Pero, por lo general, el talento y la determinación no son suficientes. Los aspirantes a escritor no pueden entrar en este mundo por sí solos. Las puertas de acceso están controladas por agentes, y normalmente el autor no irá a ninguna parte sin la ayuda del agente. Por lo tanto, asegurar el agente es el primer paso (al menos en el mundo angloamericano, donde los agentes han adquirido un grado de poder superior al que tienen otros campos circunscritos a la edición, como España, por ejemplo). Pero ningún agente lo hará: el mundo de los agentes es en sí mismo un territorio estructurado y fuertemente jerárquico, y ellos se distinguen por la cantidad de capital simbólico y social que poseen. Alguien como Andrew Wylie tiene verdadero peso en este campo y mucha más influencia que un agente nuevo y relativamente desconocido que ha decidido ser agente literario.

Por supuesto, los agentes más exitosos son los menos interesados en buscar nuevos clientes, así que captar su atención no va a ser fácil. Aquí es donde el capital social del aspirante a escritor puede ser crucial: si él o ella tiene un amigo o contacto que pueda presentárselo al agente (quizás otro escritor que ya está representado por este agente) entonces esto puede ayudar a abrir las puertas. El el mundo de la palabra escrita, no hay nada como la recomendación de alguien de confianza.

AL: ¿Qué me dice de los premios literarios? Suelen ser premios políticos o una forma de reforzar comercialmente a autores consagrados. ¿Le gustaría ver una transformación en el funcionamiento de los premios literarios?

JT: Los premios literarios tienen mucha importancia en el mundo editorial. Son una forma particular de lo que llamo “catapultas de reconocimiento”, esto es, acontecimientos en el campo que dotan a los libros de una forma específica de visibilidad acreditada. Las editoriales recogen libros de entre el océano de libros y dicen: estos libros son excepcionales y merecen ser leídos. Los premios literarios no sólo son catapultas de reconocimiento (las recomendaciones de Oprah Winfrey son mucho más importantes que cualquier premio literario en América); son importantes porque llevan un prestigio extra, lo cual transfiere una buena cantidad de capital simbólico a los libros que ganan un premio. Gracias a la visibilidad que ayuda a crear, pueden ser (y generalmente es así) traducidos de inmediato y se convierten en ventas.

¿Son premios politicos? Sí, si entendemos por político que tienen que ver con la creación y atribución de poder, en este caso el poder simbólico se convierte por lo normal en poder económico, administrado por un conjunto de personas que son seleccionados para dar este tipo de reconocimiento. Pero si por político quieres decir que el premio es simplemente el resultado de un grupo e incluso de intereses particulares que componen el panel de jueces, entonces dudo de que esto sea una afirmación justa de las complejas dinámicas de los premios literarios (en algunos casos puede ser duro defender esto como una regla general). También sería equivocado ver ver que una de las características de la institución de los premios literarios es precisamente su “autonomía percibida”, un rasgo que la mayoría de los premios literarios se esfuerzan por mantener. Por supuesto, esta autonomía es siempre contextual (es autónoma en lo relativo a su campo, donde los jueces a menudo salen de un grupo de individuos que tienen alguna experiencia en el campo y algún reconocimiento o capital simbólico dentro de él). Los jueces pueden ser escritores de éxito, o críticos muy considerados. Mientras que la autonomía es algo contextual, es sin embargo una característica importante de los premios literarios, y el rasgo en virtud del cual tienen el tipo de poder que tienen en ese campo.

AL: Ha escrito que entre el 65 y el 75 por ciento de los beneficios generados al año vienen de las novedades. ¿Qué implica esta compulsión por editar para nuestra cultura?

JT: La edición era un negocio a largo plazo. Editar bien era crear un libro que vendiera bien durante un buen tiempo. Pero los cambios en los ochenta y los noventa erosionaron el énfasis tradicional en los libros “de fondo” cuando las grandes editoriales se orientaron a la publicación de grandes libros que pudieran vender mucho como bestsellers. La búsqueda de esos grandes libros llegó a ser una de las medidas principales para salir del problema principal en el que cae toda empresa editorial grande, lo que llamo el “acertijo del crecimiento”: ¿cómo lograr un crecimiento significativo anual en un mercado plano? Haces esto no aumentando los libros publicados (lo que saturaría un mercado ya de por sí saturado), sino concentrando tus esfuerzos en menos libros que piensas que puedes vender a lo grande: los “superventas”. Un montón de dinero y esfuerzo se invierte en adquirirlos para que tengan un impacto económico inmediato. El énfasis en los superventas es cortoplacista por naturaleza, y las implacables presiones experimentadas por todas las editoriales produce, inevitablemente, un cambio gradual de prioridades, empujanzo a los editores a emplear más energía y recursos en superventas que tengan un impacto instantáneo y prestan menos atención a libros que podrían funcionar más lentamente.

¿Implica el cortoplazismo una mala edición? ¿Esto lleva a un empobrecimiento de la cultura literaria? No, no necesariamente. A veces los libros publicados rápidamente y preocupados por temas típicos pueden hacer importantes contribuciones (no deberíamos ser dogmáticos en este punto). Sin embargo, no es difícil ver que una mentalidad cortoplacista también conlleva un montón de ediciones malas. No tienes que ser un snob de la cultura para ver que un buen número de libros (autobiografías escritas por negros literarios sobre estrellas que hablan de sus cotilleos, como el libro de Paris Hilton Confessions of an Heiress) no aportan mucho a la cultura y el bienestar de la raza humana. Muchos también fallan en términos económicos, cuando editores desesperados editan libros cuya única razón de ser es solventar un problema económico.

El coste del cortoplazismo no es solamente el desorden de la cultura literaria con libros de poco valor: es también la interrupción de la carrera de algunos escritores. Muchos escritores llegan a la industria muy temprano porque se les ve con potencial. Pero si las ventas no crecen con rapidez, entonces se ven apartados de una industria centrada en el crecimiento a corto plazo. Entrevisté a muchos escritores y escuché la misma historia una y otra vez: los escritores que aputaban muy alto cuando eran jóvenes tenían media docena de libros que habían sido rechazados. Hoy más que nunca, la carrera de un escritor es siempre mantenerse en equilibrio, creciendo y cayendo en las ventas de su último libro y siempre con el riesgo de ser rechazado por las decepcionantes ventas.

¿Qué ha de hacerse? La mentalidad a corto plazo es más influyente en las grandes editoriales porque se ven afectadas por el imperativo del crecimiento y tienen que lograr más beneficios, a pesar de que es un mercado estático. Esto es menos influyente en las editoriales independientes. Hay casos donde ni siquiera sienten presiones de este tipo. Una editorial como Workman, por ejemplo, cuyo What To Expect When You’re Expecting fue publicado en 1984 y ha permanecido en el la lista de los mejores vendidos del New York Times desde entonces. Se han concentrado en el largo plazo y no es extraño que el ratio de libros de fondo sea uno de los más altos de la industria: supone para ellos entre el 75 y el 80 por ciento de sus beneficios y los bestsellers juegan un papel muy pequeño en sus planes de edición. Aquí tenemos un modelo que los editores deberían estudiar cuidadosamente.

AL: Simplificando mucho, los “precios fijos” protegen a la industria mientras que el libre mercado favorece a los lectores. En Francia, Italia, Alemania o España hay precios fijos, mientras que en Estados Unidos o Inglaterra hay libertad de precios. Esto me recuerda al conflicto irresoluble entre el liberalismo y la socialdemocracia. ¿Qué modelo prefería? ¿Existe alguna alternativa a estos dos modelos?

JT: Aunque tu modelo es tentador, es una simplificación engañosa del asunto. No contempla las enormes diferencias entre el mercado estadounidense y el británico, por ejemplo. ¿Por qué en Reino Unido el mercado es mucho más severo para los editores que en Estados Unidos, cuando en ninguno de los dos países hay precios fijos? La explicación tiene que ver con una legislación federal llamada Robinson-Patman Act, que se introdujo en 1936 para frenar las prácticas anticompetitivas por los productores que permitían a las cadenas vender bienes a precios más bajos que a otros minoristas. Esto prohibía la discriminación de precios en la venta de bienes a los minoritas cuando el efecto era reducir la competencia. La ley fue promovida por librerías independientes durante los ochenta cuando se enfrentaron en una competición que consideraban injusta. Aunque todos los casos fueron resueltos extrajudicialmente, el resultado de esta batalla legal fue un sistema de descuentos mucho más transparente. Todos los editores en Estados Unidos hacen explícitas sus agendas con descuentos y ofrecen los mismos acuerdos a todos los minoristas, sin considerar si ellos son grandes empresas o independientes. Esto previene a las grandes cadenas de usar su musculatura para tener contratos preferentes de los editores.

En Reino Unido, por el contrario, no hay una ley equivalente a la Robinson-Patman Act, así que los editores son libres de ofrecer un descuento a unos y otro descuento a otros. En estas circunstancias, las pequeñas librerías no tienen protección contra las prácticas predadoras de las grandes cadenas, que pueden usar su posición dominante en el mercado para pedir descuentos cada vez más grandes a sus editores. Tras la desaparición del Net Book Agreement a mediados de los noventa, casi el diez por ciento del margen fue transferido de los editores a los minoristas en un periodo de menos de diez años. Las grandes cadenas como Tesco y Asda emergieron como grandes puntos de venta para libros. Desde que los supermercados compiten en el precio, necesitan grandes descuentos de los editores para hacer de los libros una oferta atractiva: ellos solicitaron descuentos del sesenta por ciento y más, y lo consiguieron. En los títulos superventas, los supermercados pudieron recortar los precios de librerías especializadas por un margen significativo. Es bien conocido que Asda vendió el volumen final de la saga Harry Potter por 5 libras (era tan barato que algunas librerías independientes se vieron obligadas a comprar su stock a los supermercados porque les salía más barato de ellos que de la cadena de la demanda de libros).

Los precios fijos protegen a los pequeños vendedores. Es una política que tiene aún muchos defensores en la Europa continental y hay que decir mucho a su favor, especialmente en países donde el mercado del libro es relativamente pequeño. Pero la comparación entre Gran Bretaña y Estados Unidos muestra porque tu contraste entre precios fijos y precios variables es demasiado simple. En Estados Unidos tienen precios variables y descuentos, pero la existencia de la Robinson-Patman Act previene que haya abusos de las grandes cadenas a la hora de obtener tratos preferenciales y que con ello dañen gravemente a los libreros independientes. El Reino Unido abandonó el Net Book Agreement y, al mismo tiempo, carece de una protección legal minima… ése es el peor de los mundos posibles. Es muy poco probable que Reino Unido vuelva al precio fijo, pero algo equivalente a la Robinson-Patman Act sería, a mi juicio, un buena decisión.

AL: Los periodistas suelen escribir sobre el final del libro. Hasta Umberto Eco ha escrito sobre esto. Creo que este debate es algo estúpido, pero en cualquier caso, ¿qué piensa de la coexistencia entre el papel y el libro digital?

JT: Tienes razón, los periodistas adoran escribir sobre la muerte del libro. Suena dramático, como el fin de la civilización tal y como la conocemos, y da buenos titulares (¡Adiós Gutenberg! Y todo eso). Hay temas muy importantes aquí, pero el escenario apocalíptico que habla del fin del libro impreso y su reemplazo por el ebook es con toda seguridad una simplificación de lo que puede ocurrir. Después de años de especulación y expectativas sin cumplir sobre los ebooks, desde 2006 se ha visto un incremento importante en las ventas en Estados Unidos. Las últimas estimaciones sugieren que las ventas de ebook llegan casi al 10 por ciento de los beneficios de las grandes editoriales; ten en cuenta que esa cifra era de menos del 1 por ciento en 2008. Todavía más fascinante es el hecho de que algunos bestsellers, como Freedom de Jonathan Franzen, las ventas del ebook representa el 35 por ciento del total. El progreso de esas cifras en 2011 y 2012 y si esos patrones de cambio que presenciamos se replican en otros países y otras lenguas, son, hasta ahora, suposiciones. Como científico social más que como futurólogo, soy agnóstico en estos temas. Estoy buscando analizar y comprender cómo llegamos adonde estamos y qué está ocurriendo ahora, no predecir el futuro. El grado de error en las antiguas predicciones sobre las ventas de los ebooks nos deberían recordar la falibilidad en un mundo donde hay tantos factores imprevisibles, como las innovaciones tecnológicas o los hábitos y gustos de los lectores.

Dicho esto, mi intuición personal (y no es nada más que eso) es que veremos en el mundo de los libros una cohabitación entre contenidos digitales e impresos. El mercado del libro estará fragmentado y diferenciado, y los compradores elegirán diferentes clases de libros en diferentes formatos. Ciertas clases de libros y ciertos tipos de lectores (como el romance y todos esos libros que se leen con avidez) gravitarán hacia el formato ebook, donde los precios más bajos y la facilidad de acceso pesarán más que el deseo de guardar una copia física. Otros tipos de libros serán más aptros para el formato tradicional impreso y muchos lectores querrán tener los dos formatos para diversos propósitos. Muchos comentaristas se inclinan a señalar la industria musical y decir que ése es el futuro de la industria del libro, pero las comparaciones de este tipo son peligrosas y simplistas. Hay muchas diferencias entre el libro impreso y el vinilo, y hay muchas razones (buenas razones) por las que muchos lectores aún preferirán leer en papel que en pantalla. Cómo evolucionarán los gustos y las preferencias, y si los desarrollos tecnológicos evitarán las desventajas de los libros impresos, ésas son preguntas cuyas respuestas no sabemos y no se sabrán hasta que veamos cómo cambia todo.

AL: Según esta imagen (http://www.printingchoice.com/e-books-vs-real-books/), el ganador absoluto en el mercado de los ebooks es el editor. ¿Está de acuerdo?

JT: Hay demasiadas incertidumbres en la situación actual como para tener una visión clara de quiénes serán los ganadores y quiénes los perdedores cuando la revolución digital funcione en la industria editorial. Los editores que venden libros como ebooks podrán eliminar algunos costes reales de la cadena de la demanda. No sólo los costes de impresión y papel (los ahorros son reales, pero suponen mucho menos de lo que la mayoría de las personas fuera de la industria creen), sino sobre todo los costes asociados con las vendas y la distribución así como con el coste del retorno (un coste considerable que resulta invisible para muchos). Al mismo tiempo los editores experimentan presiones sobre los precios, además de la presión de los agentes y autores para elevar el porcentaje de beneficios que se pagan en concepto de royalties.

En algunos casos, es un riesgo para la edición el prescindir de la intermediación: ¿qué ocurre si los autores deciden publicar sus ebooks directamente con Amazon o Google o alguna otra organización, más que proceder a los caminos tradicionales de firmar con un editor y permitir que éste determine como se dividen las ganancias? Si el editor ya no paga por los libros para que se impriman y se distribuyan, y si ya no tiene que enviarlos alrededor del mundo, ¿qué hará exactamente que no puedan hacer algunas organizaciones que estaban más preparadas para el medio “online”? Nadie sabe las respuestas, pero nadie (mucho menos el editor tradicional) debería estar seguro de su posición en la cadena de la demanda. La revolución digital es una revolución de oportunidades, y sabemos que cuando estás dentro de ella nadie sabe cómo terminará.

AL: Comunicación y poder de Manuel Castells me parece una obra maestra sobre cómo las redes de comunicación configuran el poder. Creo que debería tener en cuenta su libro en el futuro para cubrir algunos aspectos importantes de la cultura. Si los medios de comunicación de masas son los guardians de la información, entonces la industria editorial es la guardiana del consume de cultura masiva.

JT: Manuel Castells es un gran académico y un buen amigo y colega, y su Comunicación y poder es un libro de excepcional originalidad e importancia. Compartimos muchas ideas y hay un diálogo continuo y cercano entre nosotros. Aunque espero que tenga en cuenta Mercaderes de la cultura y que gane algo con él (tiene una copia, ¡yo se la di!), no quisiera que él (o cualquier lector) asociara mi trabajo con “los medios de comunicación de masas son guardianes [gatekeeper] de la información”, simplemente porque soy crítico con los términos “mass media” y “gatekeeper”. Mass media es un término inservible porque la “masa” es un concepto poco claro e impreciso: ¿es la edición de libros un medio de comunicación de masas cuando la lectura de algunos libros puede ser de varios cientos e incluso de varias docenas de personas? La idea de los editores como gatekeepers de ideas fue desarrollada por uno de los primeros estudios sobre la industria editorial, Books: The Culture and Commerce of Publishing, de Coser, Kadushin y Powell. No es una idea que yo use porque siempre me pareció que subestimaba el papel activo de los editores a la hora de crear nuevos libros. Es verdad que la idea de los editores como gatekeepers podría aplicarse a los editores, porque ellos son intermediarios culturales que reciben manuscritos de los agentes y deciden qué hacer con ellos. Pero incluso en este capmo la metáfora es una aproximación muy difusa, y oculta un gran abanico de actividades que realizan los editores en sus diferentes sectores, como el desarrollo activo de colecciones o el encargo de volúmenes que se requieren en nichos del mercado muy concretos. En Mercaderes de la cultura y su libro anterior, Books in the Digital Age, abordo un marco teórico distinto para estudiar los mundos de las industrias creativas, un marco que debe más al sociólogo francés Pierre Bourdieu y su noción de campo que a las ideas del gatekeeping.

AL: Con Ipad, Google Ebooks, el nuevo Amazon Kindle y las últimas controversias del editor Andrew Wylie, me temo que tendrá que actualizar su libro en unos años, ¿no cree?

JT: Tiene toda la razón. Uno de los riesgos de cualquier investigador es que cuando están trabajando en una industria contemporánea es que están disparando un objeto en movimiento. Es irónico que, cuando empezaba a trabajar en el libro sobre la industria editorial en 2000, a muchos les parecía una industria gastada y perdida en el tiempo, anclada en una zona pantanosa y que era ajena a los poderosos cambios que se avecinaban. Nadie diría eso en la actualidad. No hay semana que no tengamos algún nuevo desarrollo o un nuevo estudio al respecto que hacen crecer las preguntas sobre su futuro. Intento estar al tanto de esos cambios, y vuelvo a mis fuentes de vez en cuanto y esucho a protagonistas lo que está ocurriendo y cómo lo ven, consciente del hecho de que puedo necesitar reviser y actualizar el libro en un futuro próximo.

AL: ¿Cuál es su conclusión?

JT: Son tiempos turbulentos para la industria editorial. Se encuentra en un cruce de caminos. Se enfrenta a retos muy serios, económicos y tecnológicos, y las consecuencias no están claras. Es un momento de oportunidades reales para los editores y para nuestra cultura literaria, no solo en términos de nuevas formas de ofrecer contenidos, sino también a la hora de expandir el mercado de los libros. Pero también es un momento de riesgos y peligros, como la devaluación del contenido intelectual y la caída del valor en el proceso de creación de contenidos. Para las grandes compañías tecnológicas que tienen actores en el negocio de los libros, el contenido no se valora en por sí mismo: son “elementos”, carne de cañón que mueve las ventas de sus dispositivos y servicios. Aquellos que están en el proceso de la creación de contenidos tienen que ser cautelosos en este contexto. Deberían tener muy claro el valor del contenido que están creando. Al mismo tiempo, deberían tener la mente abierta a las nuevas oportunidades y adoptarlas haciendo lo que saben hacer: desarrollar y adquirir los mejores contenidos. Eso es lo único que garantizará su posición en cualquier constelación de jugadores que emerga en los próximos años.

22 de diciembre de 2010

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BREVÍSIMO ROBERT SCHOLES

December 9, 2010

He redescubierto a un crítico literario. Sabía poquísimo de él y quise hacerle un par de preguntitas. Aquí están las respuestas para orientar mi futuro e hipotético trabajo.

ANDRÉS LOMEÑA: ¿Cuál es su obra más importante, Structuralism in literature o The nature of narrative?

ROBERT SCHOLES: The Nature of Narrative es la que más se ha traducido. La traducción china va a salir ahora, por ejemplo.

AL: Conceptualmente, usted habla del realismo y el naturalismo como formas de la novela en el XIX. ¿Qué viene después?

RS:  Más allá del realismo y el naturalismo tenemos el simbolismo, y finalmente el realismo simbólico, una combinación de naturalismo y simbolismo, como en la obra de Joyce.

AL: La historia de la narración depende de las teorías de la historia literaria. ¿Cuál es la suya?

RS: Mi visión se apoya en Auerbach, Northrop Frye y los historiadores del arte Henri Focillon y Gombrich.

AL: ¿Cuáles son sus otras influencias?

RS: Empecé con Frye y Auerbach. Después con Ian Watt y Henri Focillon.

AL: Usted hizo una importante aportación a la ciencia ficción, ¿no es así? En la línea de los trabajos de Darko Suvin.

RS: Conocí a Darko hace años, pero mis libros Structural Fabulation y Science Fiction: History, Science, Vision fueron escritos antes de que le conociera.

AL: ¿Cuál es su opinión sobre la literatura reciente?

RS: Últimamente he pasado el tiempo en una revista sobre el modernismo y no he seguido la narrativa contemporánea de manera rigurosa.

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ENTREVISTA CON ANDREW POTTER

September 26, 2010

El coautor del best seller internacional Rebelarse vende: El negocio de la contracultura habla sobre el realismo político y la salud de nuestras democracias.

ANDRÉS LOMEÑA: Antes de nada, ¿tienen en mente publicar una nueva edición de Rebelarse vende en el futuro?

ANDREW POTTER: No cuento con ello, aunque estaría abierto a la posibilidad de actualizar el libro. Estoy gratamente sorprendido por la relevancia que mantiene seis años después de su publicación.

AL: Los gobiernos de izquierda y de derecha se parecen cada vez más. ¿Podemos mantener vivos los términos izquierda y derecha en el contexto actual?

AP: No hay duda de que ha habido un estrechamiento muy serio en el espacio ideológico disponible para los gobiernos y partidos políticos de las democracias liberales occidentales. Hasta cierto punto, esto es una consecuencia de lo que Francis Fukuyama llamó El fin de la historia. Ha habido un cierre de las posibilidades ideológicas y una convergencia en un pequeño número de posiciones.

Sin embargo, no estoy seguro de que eso sea un problema. Lo que esto significa, en cambio, es que lo que se entiende como izquierda o derecha está cambiando. Solíamos discutir sobre religión, ahora no lo hacemos. Cada vez más, el medio ambiente se está convirtiendo en el centro del debate público. No hemos entrado en una tecnocracia y por lo tanto hay muchos matices para el desacuerdo político.

AL: ¿Cómo mantener la salud de la democracia? La política parece cada vez más irrelevante y la abstención crece. En pocas palabras: estamos viviendo una crisis de legitimación.

AP: El descenso de los votantes en las democracias occidentales está muy extendido, pero no estoy convencido de que algo así conduzca hacia una crisis de legitimación. El problema se ha estudiado hasta la saciedad, y no hay aún una visión coherente sobre qué está ocurriendo. La teoría que más me gusta es la que relaciona esto con el fin de la historia, como ya dije antes: las elecciones son poco redistributivas y eso está haciendo que las motivaciones para votar desciendan. No está claro para mí por qué eso es un problema.

La política siempre ha sido teatral. Lo que ha ocurrido es que la capacidad de las “fantochadas” (el término exacto es “bullshit”, usado por el filósofo Harry Frankfurt) ha crecido, gracias a los blogs, twitter, youtube y otras formas de medios sociales.

AL: Zizek no estaría de acuerdo con vuestra autocomplacencia. ¿Es el filósofo esloveno el último intento de reventar el sistema?

AP: Žižek es el bufón de la corte de la filosofía continental. Prefiere hablar a través de bromas y frases grandilocuentes antes que usar argumentos reales. No le tomo en serio.

AL: ¿Rechaza todo tipo de revolución?

AP: Pienso que la revolución científica fue una gran idea. Y hay algunos países que podrían hacer aún alguna revolución (Cuba o Corea del Norte son ejemplos obvios). Pero no veo ninguna necesidad de revolución en Norteamérica o Europa.

AL: Acaba de publicar en inglés su último libro, El fraude de la autenticidad. Viene a explicar por qué estamos tan atados a la sociedad de consumo, ¿no es así?

AP: Como ya dije en otra entrevista, la búsqueda de lo auténtico es una reacción a cuatro aspectos del mundo moderno: la secularización, el liberalismo, la tecnología y la economía de mercado. Probablemente la hostilidad al mercado es lo más significativo en la actualidad. ¿Por qué? Eso da para otro libro entero, aunque viene a ser algo así: en primer lugar, los mercados son inherentemente alienantes, hasta el punto de que reemplazan formas de interacción social por formas muy impersonales de intercambio. El segundo punto es que la economía de mercado sólo apunta al beneficio. Esto molesta a la gente por distintos motivos, el más importante es que parece crear codicia en las relaciones humanas. Además, la búsqueda de beneficio se ve como fundamentalmente amoral porque el mero hecho de dedicarse a los negocios o trabajar en el sector privado parece poco ético. También están los problemas medioambientales que el mercado viene a acentuar.

La cuestión es que tenemos una aversión cultural muy profunda a comprar cosas. Pensamos que vivimos en una sociedad de consumo, pero no es así. Vivimos en una sociedad anticonsumista, razón por la cual sentimos la necesidad de pasar nuestro consumo por un filtro moral. Esto es lo que provoca, creo yo, la búsqueda de autenticidad en ciertas formas de consumo verde o socialmente responsable.

AL: Insistiré con mis torpes preguntas. Entonces, ¿estamos alienados?

AP: ¿Alienados de qué? ¿De quién? ¿De la naturaleza, de nuestras familias, de nuestros trabajos, de nosotros mismos? Además, ¿qué importa? Estar alienado sólo supone estar separado de algo o de alguien. Mucha gente se siente alienada de su trabajo. ¿Pero y qué? Ése es el motivo por el que les pagan. Una cuestión más amplia es si nuestra cultura está alejándonos de una forma de existencia más auténtica. Yo rechazo esa visión. No creo que haya un auténtico yo o una sociedad auténtica a la que volver.

La sociedad occidental no es perfecta y hemos hecho algunos movimientos hacia un mundo moderno. Creo que la mayoría de esos movimientos han merecido la pena.

AL: Entonces su posición se parece a la del libro En defensa del capitalismo global, de Johan Norberg.

AP: Ese libro está bien, aunque no había nada realmente nuevo en él. Es sólo una repetición de los argumentos típicos a favor de la globalización.

AL: ¿Preparan algún libro nuevo?

AP: Nada en este momento.

AL: A modo de broma: ¿Irá al cine a ver el documental La doctrina del shock, basado en el libro de Naomi Klein, autora a la que tanto han criticado?

AP: Lo dudo.

AL: Muchas gracias por todo.

AP: Si queremos mejorar el mundo, necesitamos prestar más atención a las instituciones y gastar menos tiempo en preocuparnos sobre la cultura.

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Olvidarse de EPICURO

January 15, 2010

La ciencia queda desfasada a menudo. ¿Y la filosofía? Juzguen ustedes el aforismo de Epicuro:

<<< ¿Dios está dispuesto a prevenir la maldad pero no puede? Entonces no es omnipotente. ¿No está dispuesto a prevenir la maldad, aunque podría hacerlo? Entonces es perverso. ¿Está dispuesto a prevenirla y además puede hacerlo? Si es así, ¿por qué hay maldad en el mundo? ¿No será que no está dispuesto a prevenirla ni tampoco puede hacerlo? Entonces, ¿para qué lo llamamos Dios? >>>

Me encanta. Y de eso hace ya más de dos mil años.

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LOS DERECHOS DEL LECTOR

January 5, 2010

Aunque suene naif, sigo estando de acuerdo con LOS DERECHOS DEL LECTOR de Daniel Pennac (sacado de su obra “Como una novela”):

1) El derecho a no leer.
2) El derecho a saltarnos las páginas.
3) El derecho a no terminar un libro.
4) El derecho a releer.
5) El derecho a leer cualquier cosa.
6) El derecho al “bovarismo” (fliparse por una obra casi hasta entrar en ella).
7) El derecho a leer en cualquier sitio.
8 ) El derecho a hojear.
9) El derecho a leer en voz alta.
10) El derecho a callarnos (a no explicar por qué leemos lo que leemos).

Algunos derechos se solapan (el 7 y el 9 casi podrían condensarse en “leer como me dé la gana”), pero estas recomendaciones me siguen pareciendo válidas como contra-pedagogía de quienes imponen la lectura y sólo consiguen generar asco en los jóvenes (y no tan jóvenes).

Lean, pero háganlo a su puta bola.

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La McDonalización de la sociedad

November 15, 2009

Sigo recuperando antiguas entrevistas.

George Ritzer es un sociólogo norteamericano (Nueva York, 1940), en gran parte autodidacta, profesor de sociología de la universidad de Maryland, célebre por su ensayo La McDonalización de la sociedad y por sus aportaciones al estudio de la globalización y la sociedad de consumo.

1) Usted ha descrito brillantemente la irracionalidad de la excesiva racionalización de la sociedad. Desde la McDonalización de la sociedad hasta la globalización de la nada. ¿Qué factores han impulsado esta ultrarracionalidad?

GEORGE RITZER: La principal fuerza es el mercado y los líderes industriales que quieren racionalizar sus operaciones y productos para maximizar los beneficios. Los gobiernos tienen sus propios intereses para hacer esto y suelen apoyar los negocios y la industria. Por supuesto todos jugamos un papel aquí como consumidores al comprar tanta “nada” y al frecuentar medios McDonalizados.

2) El “outsourcing”, también llamado “tercerización” o “subcontratación”, forma un proceso inquietante que afecta a las grandes empresas. Eso por no hablar de otros fenómenos globalizadores; quizás ya vivimos en una googlelización de la sociedad. Pienso que todavía necesitamos una teoría global que explique el desarrollo de las compañías multinacionales. ¿Trabaja usted en una teoría sociológica para estos verdaderos “monstruos” empresariales?

G.R.: Me gusta la idea de una teoría de esos “monstruos globales” (acabo de terminar un libro para la editorial Wiley-Blackwell, GLOBALIZACIÓN: UN TEXTO BÁSICO). Gran parte de mi trabajo tiene que ver con esos monstruos: los McDonald´s, las compañías de tarjetas de crédito, las catedrales del consumo, y los proveedores globales de la nada. En la última edición de McDonaldización (2008), escribí un nuevo capítulo sobre la Starbuckización (concluyo que no tiene la fuerza que el McDonald tiene o tenía). Estoy publicando un ensayo con otros dos autores en una antología que está por publicarse sobre la “ebayización” como un paradigma que reemplaza la McDonaldización y me gusta tu idea de la Googleización. Una teoría global de esos monstruos y de los procesos que generan sería bueno y supongo que yo mismo contribuyo a ese desarrollo.

3) Algunos critican que ha hecho mucho dinero con su libro sobre la McDonalización. En mi opinión, es la habitual paradoja de la contracultura: buscan respuestas contra el sistema, lo que incluye las “herramientas teóricas”, pero luego rechazan un libro crítico con la sociedad porque se convierte en un éxito editorial y alimenta al propio mercado. ¿Cuál es el destino de la contracultura en este mundo globalizado?

G.R.: La contracultura siempre es importante como una fuente de nuevas ideas y de movimientos de oposición. Sin contracultura estamos condenados al dominio continuado de las fuerzas e ideas hegemónicas. Por supuesto, las ideas contraculturales son a veces cooptadas por la sociedad.

En cuanto a hacer dinero con mis libros, nunca he terminado de entender lo que se me critica. En cualquier caso, lo importante es diseminar las ideas tanto como sea posible. Los editores comerciales están en la mejor posición para hacer eso y ellos pagan royalties (aunque éstos sólo son un porcentaje pequeño del precio total). Los blogs, por ejemplo, representan nuevas formas de transmitir ideas, y puede hacerse gratuitamente, pero me temo que soy de una generación anterior y me siento incómodo con esas nuevos medios. De todos modos, me encanta el proceso de escribir un libro.

4) A mí me encanta un artículo de Boris Groys llamado “La ciudad en la era de la reproductibilidad turística”. Describe el empobrecimiento del turismo, sobre todo en su vertiente clásica, o romántica, mejor dicho. ¿Lo ha leído?

G.R.: Lo he hojeado y me recordó por qué no soy un filósofo (aunque algunos sociólogos probablemente me consideran un filósofo). Sobre el turismo clásico o romántico, yo lo analizaría desde el punto de vista de mi teoría de la nada y lo comparo al turismo contemporáneo. Las áreas, especialmente las ciudades, visitadas por aquellos turistas “clásicos” eran aún el fin de algo en el continuum algo-nada. Para ponerlo en los términos de Baudrillard, la simulación no estaba aún tan avanzada en ese momento de la historia. Sin embargo, el turismo contemporáneo y el turismo de masas moderno ha derivado en la dirección de la nada, vamos hacia una simulación más grande. El empobrecimiento es mucho mayor que durante el turismo romántico.

5) Creo que los estudiantes deberían conocer sus libros, y no sólo me refiero a estudiantes de sociología, como tampoco me refiero sólo a su libro sobre McDonalización, sino al de teoría sociológica moderna, por ejemplo. Ahora le pediría que me recomendara a otros autores o libros. Yo tengo debilidad por Bruno Latour, aunque no sé si usted preferirá referirse a Lipovetsky y Bauman, con quienes suelen compararle.

G.R.: Gracias por tu apreciación. Latour es importante, especialmente por su papel en la teoría del actor-red. Sin embargo, no comulgo demasiado con su trabajo, por la forma en que escribe y todo eso. Mi teórico contemporáneo favorito es Giorgio Agamben. Encuentro sus ideas muy provocativas. En términos de importancia, el primer Giddens y Habermas estarían los primeros en una lista de sociólogos vivos.

No me importa que me comparen con nadie. Conozco el libro de Lipovetsky sobre la moda y me gusta. Soy un gran fan del trabajo de Bauman y lo he usado a menudo. Por ejemplo, su trabajo sobre la “sociedad líquida” juega un lugar central en mi próximo texto sobre la globalización. En el pasado, he usado su trabajo sobre el Holocausto como un precursor para la McDonalización. Es un académico de la vieja escuela y están desapareciendo rápidamente. Dicho esto, pienso que en sus últimos años ha escrito demasiado, pero yo podría ser acusado de lo mismo.

5) No me queda sino darle las gracias.

G.R.: Con estas cuestiones se generan ideas y nuevas perspectivas. La teoría destaca en esa tarea. Es un placer que tú y otros se hayan acercado a mis puntos de vista. Lo que me preocupa es que la teoría en Estados Unidos y en cualquier parte del mundo está sitiada y en franca retirada. Nuestra habilidad para analizar y criticar el mundo social se verá diezmada; todos nos empobreceremos por el declive, o peor, la muerte de la teoría.

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